Con cinco novelas y dos libros de cuentos en su haber, un premio nacional y otro regional de literatura y una última novela El bosque de tu nombre, Karina Pacheco está dando mucho que hablar. Sin ofensas ni halagos inmerecidos, Karina ya forma parte de una breve lista de ilustres personajes femeninos del Cusco en la literatura contemporánea del Perú. De espíritu libre, activista de causas justas, cinéfila, amante de los libros, de la naturaleza, de los perros y de todo lo simple; gran conversadora y cusqueña desde las entrañas, Karina le abre las puertas a Saqra en su lado humano, en su lado mujer, en su lado andino.

“Yo quiero seguir aprendiendo. Por un lado, seguir leyendo mucho, subir a varios cerros que todavía tengo pendientes”

¿Qué es lo más bonito que te han dicho en la vida?
Una de las cosas que más me ha emocionado fue en un viaje con mi mamá por Ocongate. Yo estaba jugando con una niña y, cuando nos íbamos, me dijo: “Que Dios te bendiga”. Que eso venga de un niño, por el solo hecho de jugar, es una de las cosas más bonitas que me han dicho.

¿Y cuánto de niña tienes?
Yo creo que bastante. Me encanta jugar, me gusta creer que hay cosas increíbles que son posibles, y tal vez por eso cada vez que ocurre algo particularmente indignante, me sacude como si aún no hubiera aprendido que esas cosas pasan; lo tomo casi a nivel personal, aunque no tenga que ver conmigo. Siento como si tuviera un mundo puro que me lo están violentando. Tal vez eso tiene que ver con mantener un poco de inocencia.

En su lado menos superficial, el Facebook permite mostrar los intereses y motivaciones de cada persona. En tu página una de ellas es el tema compromiso con causas diversas por esa capacidad de indignación que mencionas. ¿De dónde viene eso?
Supongo que me lo han inculcado en casa. A mi papá le pasaba igual. Se indignaba y trataba de meter el hombro en cosas que tenía cerca, y eso le costó bastante en su momento. Tiene que ver con sentir empatía con el dolor del otro, con usar tu voz –que tanta gente no tiene– para denunciar algunas cosas. Eso lo he vivido mucho en mi casa, siempre ha estado presente.

(Foto: Erika Chávez)

La empatía…
Pienso que tiene que ver con sentirte parte del mundo, de la humanidad, y creo que parte del desastre de nuestro planeta es que hemos perdido esa conexión. A veces estamos más pegados al Facebook o a nuestro teléfono celular, que a la naturaleza. Cuando sentimos esa conexión, despierta algo muy hermoso.
La empatía no solo con los seres humanos, sino con todas las criaturas del universo, nos permite respetarnos más, respetar el lugar donde vivimos. Enciende como una flamita de alegría, de amor, de impulso de vida que nos hace vivir mejor.

Ya que mencionas esa “flamita”, la otra cosa que es muy fácil de ver en este perfil público son las luces. Deseas siempre “luces” a los demás.
Cuando yo era chica tenía una tía de cariño muy linda, mi tía Lila. Cuando había alguien que estaba pasando por una dificultad, hacía que nos juntáramos para orar por esa persona y mandarle nuestras mejores energías en forma de luces. Desde ahí me ha quedado. Sobre todo, lo hago con personas que quiero mucho o con las que tengo una empatía especial.

Tienes una vida académica intelectual importante, fuerte, intensa. ¿En qué lugar está esa vida espiritual? ¿Qué espacio le das?
Fluye de manera natural. No soy una persona religiosa, comprometida con alguna religión en particular. Yo creo que lo espiritual es algo que está en el día a día, en las relaciones con las personas, en tratar de dar calidez, respeto, atención al otro, en detenerte un rato en cualquier momento del día para mirar la lluvia. No sabría decirte en qué proporción, pero no lo desligo de la parte académica, porque muchas veces cuando estoy leyendo o escribiendo, esas imágenes son como líneas transversales que pasan por allí.

¿Eres consciente que eres la escritora más prolífica en la historia del Cusco?
No. Primera vez que lo escucho.

Lo eres. ¿Qué significa eso para ti?
No sé. Si soy prolífica tal vez es porque fluye con naturalidad. Me doy cuenta que hay momentos en los que me siento desbordada por una necesidad de leer, de aprender; luego vienen otros momentos en los que me siento desbordada por analizar y opinar sobre diferentes temas, por denunciar algo, por representar algo, sea desde la literatura o desde la antropología. Tal vez sea una ventaja tener dos fuentes de las que puedo beber y con las cuales puedo crear.

Retomando la pregunta…
Clorinda Matto de Turner es un inmenso referente para mí. Luego hay mujeres como Arelí Aráoz o Carmen Escalante, desde la antropología. Carmen ha escrito mucho y es una mujer con una sabiduría muy grande sobre la vida, la cultura andina. Tiene una obra muy interesante, pero lamentablemente poco conocida.
Hay bastantes escritoras más, que tal vez por la época que les tocó vivir no han tenido la oportunidad de expresarse más hacia el público. Ahora tenemos la posibilidad de las redes sociales, que permiten romper con lo que antes eran líneas demasiado estrechas para permitir el ingreso de discursos distintos y, sobre todo, de discursos femeninos.

Si te pidiera elegir una palabra, la palabra favorita de tu vida, ¿cuál sería?
Candor.

(Foto: Erika Chávez)

No esperaba eso. Cuéntame por qué.
Para mí el candor es como esa flamita que te decía que siento latir en el corazón cuando tengo momentos de empatía con la naturaleza, o con una situación que no necesariamente es parte íntima de mi vida. El candor es algo que enciende algo hermoso, algo que te hace creer y te hace sentir las cosas con mucha ternura, con mucha vitalidad, con mucha pasión.

¿Y el amor? ¿Qué espacio tiene?
Es importante. Si hablamos de amor de pareja, creo que es algo que puede permitir que las personas sean mejores, dar lo mejor de sí, que aprendan tolerancia, paciencia, el gozo de compartir, de comprender, de arriesgar.
Lamentablemente, creo que muchas personas tienen una idea del amor donde la otra persona tiene que aguantar todo. Para mí eso no es amor y muchas veces termina destruyendo relaciones que pudieron haber sido muy lindas. Creo que también hay una visión del amor que en el fondo busca llenar su necesidad de ejercicio de poder y hay que tener mucho cuidado.

Karina, tienes un historial académico brillante: un doctorado en antropología, una carrera literaria exitosa y, siendo una mujer joven, ya tienes cosas muy logradas. Estás en un punto del camino en el que cabe preguntar: ¿Qué viene? ¿Qué buscas en la vida?
Yo quiero seguir aprendiendo. Por un lado seguir leyendo mucho, subir a varios cerros que todavía tengo pendientes, seguir disfrutando de mis amigos, de la familia, compartiendo, gozando, seguir viajando, y también seguir escribiendo cada vez con más rigor, que es mi reto. Escribir algo –sutil o fuerte– que diga algo importante, pero hacerlo con el mayor arte del que yo sea capaz.

Amigos, familia… ¿Quién es la persona más importante en tu vida?
Creo que mis padres han sido muy importantes de maneras distintas. Son personas que yo admiro mucho. Mi madre por una capacidad de vivir y amar, y no solamente amar a sus hijas, sino entregarse a cualquier persona que pueda necesitarla, la conozca mucho o la conozca poco.

Si mañana pudieras cambiarlo todo, ¿qué cambiarías?
Como cusqueña, que la gente fuera realmente consecuente con el discurso. Lo inca es sagrado, por lo inca nos quejamos al menor movimiento de una piedra, pero lo inca no es solo eso. El tema para mí sería cómo canalizamos ese discurso en acciones que realmente se extiendan más allá del Cusco dejado por nuestros antepasados. Estamos viendo la cantidad de edificios que se construyen y quedan sin “tarrajear”, no se respetan las leyes, se coimea, se corrompe, se echa basura a las calles, se mantienen unos zoológicos infames, entonces, “sácame a tu inca para esto también”.

Karina se fue sin responder la última pregunta. “Muy personal”, dice. Tiene claros los caminos que no desea recorrer y más claro aún que ese es su derecho.
Luces.

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