Las esculturas de Carlos Olivera ya son visibles en numerosos espacios internacionales. El destacado escultor cusqueño, autodidacta, hijo de artistas y padre de familia, nos confiesa aspectos de su trabajo creativo.

“Cuando en el alma de un hombre hay un verdadero artista, no se tiene que andar buscando, más bien se tiene que sortear entre hallazgos todo el tiempo”.

¿Cómo fue tu formación como artista?
Tengo una formación básicamente autodidacta. Asistí a la Escuela de Bellas Artes durante dos años, pero me aburría bastante. Mi taller era el dormitorio de mi casa paterna. Allí era mucho más divertido. Entonces decidí que tenía que hacer “arte de verdad”. Cuando iba a la Escuela sentía como cuando llegas a un pueblo abandonado. Esa sensación me causaba y por eso decidí retirarme. Yo no estoy en contra del estudio; es más, ahora mismo me gustaría mucho continuar estudiando, profundizar en teorías y filosofía del arte. No estoy en contra del conocimiento, pero la Escuela de Bellas Artes no me aportaba lo que yo necesitaba en ese momento. No era que yo tenía grandes ambiciones, sino que simplemente me aburría y entonces decidí trabajar por mi cuenta.

Cuéntanos, ¿cómo nació tu inclinación por el arte?
Mi papá es “Tolo”, un artista cusqueño bastante conocido, de la época de la pintura vanguardista en Cusco, junto con el Grupo Illary, con Octavio Mejía, con Abel Jiménez, con Justo Béjar Navarro. Mi padre es Fernando Olivera y de algún modo eso llegó a influir en ese descubrimiento por el arte. Mi interés empezó a los seis años y a los 10 años mi papá me organizo mi primera exposición.
Empecé jugando, cuando a mis 6 años, mi padre el Tolo, me entregó una bola de plastilina azul y ahí empezó todo, como jugando y sigo jugando hasta hoy, solamente que con otros materiales y con otros formatos. Ahora estoy haciendo obras de formato monumental con metales de acero, bronce y cobre. Son obras inéditas y en algún momento saldrán.

¿Qué intentas expresar a través de tus obras?
Mi trabajo trata de desentrañar toda mi experiencia en el mundo, toda mi experiencia de poder sentir y visionar situaciones que no necesariamente son cotidianas al ojo normal; digamos, al ojo de las personas que, por su rubro, por su trabajo, están dedicadas a cosas como más concretas. El arte te permite la posibilidad de poder ver en la esencia de las cosas y de los aspectos etéreos también.

(Foto: Hannah Rae)

Todos de alguna manera tenemos referencias importantes. En tu caso, ¿quiénes crees que han influido en tu trabajo como artista?
Sí, claro, hay un escultor español que se llama Eduardo Chillida; para mí es muy importante. Después, hay tantos otros… Inevitablemente, Picasso y también muchísimos artistas cusqueños: Américo Tisoc. Hay un pintor que me importa mucho (hace tiempo que no lo veo): Miguel Aráoz. Me gusta mucho su trabajo. Hay varios cusqueños, y la propia pintura de mi padre, porque lo que yo hago no es solo escultura, hago pintura, dibujos, o sea, no estoy enfocado necesariamente a una. Pienso que el arte es la oportunidad de profundizar tanto en las visiones, en los sentimientos, como en las técnicas.

¿En qué momentos trabajas?, ¿cuál es el tiempo que empleas para tus creaciones?
Trabajo todos los días, todo el tiempo. Felizmente, no hay horarios específicos para eso. Lo interesante aquí es que mientras más se trabaja, mientras más te expresas, aparecen más posibilidades, aparecen más personajes, aparecen más espíritus, más temas…

Y estos personajes, estos espíritus, ¿cómo los creas, ¿cómo los traes, de dónde vienen?
Vienen solos. Yo solo le hago caso al movimiento normal del flujo cósmico. Viajo como una molécula insignificante junto con todo el cosmos y lo único que hago es… ni siquiera estar atento, no, solamente vivir contento, sin accesorios, y eso me ayuda a poder estar abierto a los sucesos que generalmente me llaman la atención. Lo que los demás llamarían ociosidad o puntos de vista muy absurdos de la vida… y para mí, esos son más bien donde radican las esencias de la vida. Entonces, no necesariamente soy yo el que crea. Yo, lo que hago es seguir mi trabajo. Hago lo que me corresponde como mortal. Trabajo al cien por ciento como mortal, lo que me corresponde. Lo demás es lo que sucede junto con el cosmos y, como te digo, en este gran viaje no se sabe dónde empezó y dónde va a acabar, y como militante de la vida y militante de mi tiempo, de mi condición de mortal, trato de captar lo más que puedo, de vivir atento y feliz.

(Foto: Hannah Rae)

Lo que pasa es que somos muy distraídos…
Claro… a veces estás caminando y te encuentras con un poco de aceite de carro sobre el agua y si de verdad te detienes a ver, puedes encontrar todo un universo. Son cosas que parecen, como te digo, absurdas para el mundo formal. Yo pienso que cualquier persona que hace con un poquito de cariño su trabajo, con amor, pues lo hace bien, fuese el trabajo que sea. Esa es la diferencia, es ahí cuando el orgullo desaparece, cuando el trabajo es en serio… los obstáculos mórbidos de la persona también desaparecen. Es una suerte de medicina que te va depurando. Entonces, ya no es la búsqueda de encontrar “qué voy a hacer”, “qué voy a trabajar”, “quiero estar de moda”, “quiero que mi arte esté de moda “; o “yo quiero hacer lo que hace cincuenta años estaba de moda en Europa” o también “quiero ser el primero que hace eso acá”. Todo eso no va para mí. Con el verdadero flujo natural del desarrollo del arte, cuando en el alma de un hombre hay un verdadero artista, no se tiene que andar buscando, más bien se tiene que sortear entre hallazgos todo el tiempo.

¿Tienes algún compromiso estético con alguna corriente artística?
No he sido seguidor de algún ismo ni me he sentido comprometido con alguna corriente. Con el tiempo uno se va dando cuenta de que no hay nada nuevo bajo el sol. Muchas cosas de las cuales te sentías inventor ya habían sucedido hace mucho tiempo. Por eso es que a veces prefiero no estar muy informado. Me parece que el conocimiento y la educación son importantes, pero también pueden ser un obstáculo al trabajo puro, al libre desenvolvimiento del arte. A veces, la brutalidad, la necedad, el hecho de ser lo más silvestre posible, ayuda. O sea, la información a veces puede ser contaminante, aunque a mí ya no me pase. Yo ya he encontrado con mucho cuidado, a base de mucho trabajo, mi propia visión en el arte.

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